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  • Loreto Hermosilla /
  • 6 de marzo de 2025 /

RESISTENCIA AL CAMBIO TECNOLÓGICO

En un mundo globalizado, la tecnología ha ido avanzando a pasos agigantados, sin embargo, por diversas razones, no todas las personas se han sumado con voluntad a ser parte del proceso.

El impacto social que las nuevas tecnologías han provocado en los variados aspectos de la vida, han generado resistencias por parte de algunos grupos u organizaciones que – de acuerdo a su percepción – no necesitan/ no requieren/ no les interesa, lo digital para continuar desenvolviéndose en la vida cotidiana y particularmente, en sus trabajos.

En este sentido, la inserción de nuevas tecnologías ha generado un profundo cambio social, concepto que en términos sociológicos es definido por Giddens como: “alteraciones en la estructura subyacente de un objeto o de una situación durante un período de tiempo”1. Igualmente, Macionis & Plummer (1999), lo describen como la “transformación de la cultura y de las instituciones sociales a lo largo del tiempo”2. A este fenómeno también se le conoce como cambio de paradigma y es definido como “una transformación radical de las reglas prevalecientes hasta esos momentos”3. Es decir, en términos simples, son las modificaciones de aspectos y elementos presentes en la vida cotidiana, que para nosotros/as, tienen un categorización de lo normal/ habitual.

En esta lógica, Stephen Robbins distingue dos tipos de resistencias, la de carácter individual y la de tipo organizacional4. La primera de ellas, está vinculada de forma directa con la personalidad del individuo y con su percepción de la realidad. El segundo en tanto, está relacionado con aspectos propios de las organizaciones, como son la inercia estructural, el enfoque limitado del cambio, la amenaza a la habilidad y otras5. Para ambos casos, existen una serie de estrategias destinadas a combatirlas, que van desde la negociación, la participación en la toma de decisiones o directamente la imposición.

En términos generales, se entiende que la tecnología pretende mejorar la calidad de vida de las personas, reduciendo tiempos de trabajo y mejorando la productividad, sin embargo, las consecuencias que puede generar su adopción, conlleva implicancias en la comunicación, las relaciones interpersonales y/o la transformación rotunda de las formas de trabajo al interior de las organizaciones, tales como el reemplazo de la mano de obra y el consecuente desempleo.

Es por esto, que necesariamente debe existir un plan de implementación tecnológica, que colabore a reducir los efectos negativos de la misma y considere entre otros aspectos, la visibilidad de los potenciales beneficios adquiridos, los probables incentivos salariales, la integración de quienes utilizarán las nuevas tecnologías y lo más importante, un diagnóstico adecuado respecto de quienes generen resistencias, con el propósito de establecer medidas adecuadas para por ejemplo, grupos etarios diversos.

Finalmente, reiterar la idea que menciona Lawrence (1998)6, respecto a que si bien la resistencia a la innovación tecnológica existe y continuará siendo real al ritmo que avanza en la actualidad, es posible detectar detrás de ella, una mayor oposición al ya mencionado cambio social, por lo que es fundamental, profundizar en el fenómeno y conocer su verdadera naturaleza.

Por Loreto Hermosilla J.

Departamento de Comunicaciones Cooperativa NewDev

Notas al pie:

1En Sorroza, N. et al. (2018) Las Tic y la resistencia al cambio en la Educación Superior, p. 481.

2Ídem, p. 481 – 482.

3Valdés (1996) En Núñez de Sarmiento, M. (2005), El factor humano: resistencia a la innovación tecnológica, Revista Orbis, p. 26.

4En García, G & Rangel, J, (s/f) Resistencia al cambio tecnológico en las organizaciones durante el desarrollo de un sistema de información en el área de recursos humanos, p. 74.

5Ídem, p. 75

6En Núñez de Sarmiento, M. (2005), El factor humano: resistencia a la innovación tecnológica, Revista Orbis, p. 31